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¿Qué tan fácil es la vida de una mujer de vida alegre?


Buscona, cortesana, ramera, meretriz, golfa, cualquiera, milonguera, zorra, mujer de vida alegre, mujer de vida fácil.

Estas son algunas de las expresiones que se utilizan para referirse a la que se ha denominado la profesión más antigua del mundo. Hoy se habla de las trabajadoras sexuales.

Los primeros registros que se tienen de los encuentros sexuales a cambio de prebendas datan del siglo 18 antes de Cristo.

En Babilonia las mujeres tenían la obligación, al menos una vez en su vida, de acudir al templo de Ishtar para tener encuentros sexuales con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico.

El código de Hamurabi, compendio de leyes que reguló la convivencia en la antigua Mesopotamia, tiene apartados que regulaban los derechos particulares de quienes ejercían ese oficio.

¿Qué pasa en Colombia?

En Colombia, el trabajo sexual es legal pero no está regulado, situación que genera desigualdades y falta de oportunidades sociales para quienes ejercen el oficio, frente a otros trabajos.

Esta población no ha sido ajena a los efectos de la COVID-19 y ha recibido el impacto en sus actividades diarias y en la estabilidad económica, -al igual que otras comunidades-

Al respecto, Fidelia Suarez Tirado, mujer trabajadora sexual quien lidera el Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Colombia, señaló a la agencia de noticias EFE que la COVID-19 alteró los ingresos de las personas que ejercen trabajo sexual y que ahora sencillamente no tienen qué comer. Lamenta que aún no se tenga un marco jurídico que proteja los derechos de quienes ejercen de manera voluntaria el oficio, ni tampoco un censo para saber cuántas personas son.

Esta nota aborda la realidad del trabajo más antiguo del mundo desde la perspectiva de las acciones que emprenden las organizaciones sociales para reducir el impacto de la pandemia en esta población vulnerable, ante la ausencia de una respuesta por parte de las instituciones gubernamentales.

Una historia en la que, más allá de las palabras que se usan para mencionarla, encontramos personas que tienen sueños, que tienen derechos y también necesidades en el diario vivir, al igual que otras personas. Independiente del trabajo que ejercemos, esos sueños, derechos y necesidades nos llevan al mismo escenario.

Una visita a la calle de Las Guapas

La Corporación El Faro es una organización sin ánimo de lucro socia de la campaña Regálate Un Minuto que desde 2006 adelanta gestión social con mujeres trans y cisgénero que ejercen trabajo sexual en la ciudad de Manizales, capital del departamento de Caldas, una de las tres ciudades que conforman el Eje Cafetero en Colombia.

En el contexto de la cuarentena nacional para reducir el impacto de la COVID-19, la corporación visitó la calle de Las Guapas, zona aledaña a la plaza de mercado y que se conoce por la alta presencia de mujeres que ejercen trabajo sexual.

Durante la visita se compartió información sobre la prevención de la infección por hepatitis C y la COVID-19 con más de 15 mujeres. También se entregaron ayudas humanitarias.

La actividad se realizó en el marco de la campaña Regálate Un M1nuto que lidera la fundación IFARMA, y el proyecto de ciudadanía con mujeres trans y cisgénero que ejercen trabajo sexual, iniciativa que se adelanta desde la Corporación El Faro.

Carlos Hernán Buriticá, quien hace parte del equipo de trabajo de la Corporación, señala que las mujeres trabajadoras sexuales están relegadas a una zona de la ciudad (la zona de tolerancia) y que el proyecto de ciudadanía las lleva a conocer la ciudad para que empiecen a reconocerse como ciudadanas.

Agrega que en los puntos de atención en salud se presenta un alto nivel de vulneración de los derechos de las mujeres trans, situación que atribuye a la falta de sensibilización del personal para interactuar con esta población.

Carlos Buriticá precisa que durante la cuarentena esta población no ha tenido acceso a la atención en salud y que las solicitudes que se hacen a la secretaría de salud no reciben respuesta.

Manifiesta la necesidad de facilitar el acceso a pruebas diagnósticas de VIH, que han sido negadas como consecuencia de la pandemia, y ampliar la entrega de ayudas humanitarias.

Los detalles de este diálogo los encuentras en el podcast que encuentras al cierre de la nota.

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